domingo, 20 de octubre de 2013

Sobre mi profesor favorito, las asignaturas y sus dificultades

Don Ubaldo era mi profesor de lengua y fue sin duda el profesor que más me marcó durante mi etapa escolar. Yo tenía 13 años y estaba más preocupado de llevar el pelo largo y de leer lo que me caía a las manos que de cualquier patochada que me quisiesen contar en el colegio de pago al que me llevaban mis padres. Y él, era ¡DISTINTO!, no era uno de esos curillas típicos de los que había en mi colegio. El era la voz de Constantino Romero en el personaje de "El Manco" en la magnífica película de "El Bueno, el Feo y el Malo", y aunque siempre iba de traje, tenía el aspecto de alguien a quien lo acababan de echar de cualquier tugurio de mala muerte de una de esas películas de detectives o incluso espías y que se acababa de subir in extremis al autobus de la ruta escolar mientras se recolocaba la corbata. Por lo que yo tenía sospechas de que con esa personalidad y ese aspecto se debía de dedicar a algo más que la enseñanza; todo un misterio que me inquietaba.
Nunca sabré si Don Ubaldo era espía y acababa de salir de una tunda en un tugurio, tampoco si doblaba películas de spaguetti Western en su tiempo libre bajo el sobrenombre de Constantino Romero. Lo que sí sé es que era auténtico y culto y que desbancaba esas ideas absurdas y pueriles de ser un pusilánime porque te gustara la literatura o te entretuviera leer un libro o tomar el solecito fumandote un Marlboro. Se me acababan de partir los mitos escolares.
En esta descripción creo que incluyo también sin querer mis propios problemas en la escuela. A mi me gustaba leer, me gustaba estudiar, me gustaba fumar, me apasionaba la buena música clásica y sobre todo el rock, no me iba el futbol (ni me va), y siempre he sentido que la mediocridad está premiada y la excelencia abucheada. Así que sí, yo era tímido, incomprendido y liberal, fumaba al solecito, escuchaba música buenísima y me apasionaban los buenos libros y ese profesor me dio las alas a la libertad que a mi me faltaban. Para ser auténtico, tienes que tener valor de serlo y apartarte de quien no te deja ser tú, y por supuesto, lidiar con la soledad con la misma medicina: música, libros, un buen whisky y un purito. Y en verano, un rayito de sol.

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